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Friday, April 29, 2016

Las exequias y los mariachis, por el P. Guillermo Juan Morado

Hoy ha sido noticia – se ve que, según convenga, cualquier cosa puede ser noticia – que un sacerdote, en la celebración de las exequias cristianas de un difunto, mostró su desacuerdo con que, en el cementerio parroquial – subrayo, parroquial - se entonase, casi como “último adiós” al finado, un célebre “mariachi”, una canción que dice, entre otras cosas: “Con dinero y sin dinero/ hago siempre lo que quiero/ y mi palabra es la ley/ no tengo trono ni reina/ ni nadie que me comprenda/  pero sigo siendo el rey”.

Las exequias cristianas son una celebración litúrgica de la Iglesia. El Ritual de Exequias contempla tres lugares importantes en esa celebración: la casa, la iglesia y el cementerio. Pero una coherencia esencial vincula lo que se dice, lo que se reza y lo que se canta en estos tres lugares: “Los diferentes ritos de las exequias expresan el carácter pascual de la muerte cristiana”, nos recuerda el Catecismo de la Iglesia Católica.

La muerte cristiana no es la proclamación de la realeza de nadie en concreto, sino solo de la realeza de Cristo, que por su Pascua, por su paso, a través de la muerte en la Cruz, de este mundo al Padre, nos ha abierto la posibilidad de la vida eterna.

No todo lo que es bueno, o aceptable, es apto para una celebración sagrada – dedicada a Dios y a la relación del hombre con Dios - . No es malo compartir con los amigos unas raciones de jamón serrano con un buen vino. Pero esa actividad, que no es mala en sí misma, sería como mínimo inapropiada – por no decir sacrílega, que lo sería – si la mesa del festín fuese el altar.

La liturgia exequial – en la casa, en la iglesia y en el cementerio parroquial – nos sitúa ante Dios, ante la intercesión ante Dios por el destino final del que se ha muerto. Banalizar esto; hacer intrascendente el momento más decisivo de la propia vida es, creo, una mala opción.

Ante la muerte de alguien - de un ser querido, con mayor motivo - lo de menos son los mariachis. Lo de más es la oración y la intercesión - que es una forma de oración -.

Si alguien se enfada porque en una liturgia exequial no quepan los mariachis es que algo, y muy grave, falla. Falla el sentido de lo sacro. Falla la labor evangelizadora de la Iglesia. Falla el hacer pensar que es aceptable pasar, automáticamente, de lo sentimental a lo serio, de lo subjetivo a lo objetivo, del capricho a la voluntad de Dios, que está por encima de nuestros caprichos.

Ningún creyente puede decir que “su palabra es la ley”. Muchas cosas nos preceden: La ley de Dios, las normas morales, el Evangelio… No somos la medida de todas las cosas; más bien, hemos de dejarnos medir por aquello que nos supera y nos trasciende.

Esta anécdota de los mariachis es eso, una anécdota, algo curioso y extraño. Pero revela algo más: Una deriva extraña del Catolicismo hacia los gustos de los consumidores. Ya sueña extraño que, en nombre del Catolicismo, se pretenda frenar el puro gusto de los consumidores. Muy mala señal. Cuando ese freno sería lo normal.

Si el difunto era tan partidario de las formas musicales de México, lo más adecuado, sería, creo yo, tras la celebración litúrgica, y no en medio de ella, finalizar con un canto a Nuestra Señora de Guadalupe.

Todo esto lo digo desde el absoluto respeto a los familiares, al sacerdote, y con la conciencia de que – como ministros de la Iglesia – hemos cedido a veces tanto que no es tan raro que se confunda la liturgia exequial con los mariachis.

Friday, February 6, 2015

Nuevo cantoral de exequias de Juan Jáuregui


Interesante trabajo musical el que nos presenta Juan Jáuregui, como complemento al libro "En las manos de Dios", material para la celebración de exequias. Un conjunto de 45 cantos, para renovar y refrescar la celebración de las exequias.

Estamos ante una de las celebraciones más entrañables de la comunidad cristiana, las exequias. Y es interesante mejorar la calidad de estas celebraciones desde los cantos. De ahí esta propuesta de cantoral. Un cantoral en el que se han recopilado 45 cantos, unos ya clásicos en todo el territorio nacional y junto a ellos, la incorporación de un notable conjunto de cantos nuevos.

El cantoral está divido en seis partes. Cuatro son las fundamentales:

- Cantos de entrada
- Salmos
- Cantos de comunión
- Y cantos para el rito de despedida.

Empiezo por la constatación de lo complicado que es hacer cantar a los fieles en una celebración de exequias. Sobre todo cuando vienen personas no asiduas a la celebración y por tanto no familiarizadas con un repertorio mínimo de cantos. Este repertorio es en muchos sitios escaso.

Por ello es deseable un enriquecimiento musical en muchas comunidades. Y un criterio que debe prevalecer es que los cantos tengan inspiración evangélica. Nosotros hemos heredado cantos que ponían el énfasis en el miedo, lo dramático, el carácter de castigo por el pecado, llegando a acentos tétricos y lúgubres, con cantos como "Dies irae,dies illa", o "libera me dómine", "tremens factus sum ego"...

La muerte es seria, sí, y dolorosa, pero la visión cristiana ha de ser esperanzada. Por eso en los cantos hay que saber presentar la vida como realidad última. Lo último no es la muerte, sino la vida.

Es buena aquella especie de letanía:

. Al final del camino, no está el camino, sino la meta
. Al final de la escalada, no está la escalada, sino la cumbre.
. Al final de la noche, no está la noche, sino la aurora.
. Al final de la Cuaresma, no está la Cuaresma, sino la Pascua.
. Al final de la muerte, no está la muerte, sino la vida.

El futuro del hombre es Dios, y Dios es vida. En esta dirección han de ir los cantos.

En el momento de la muerte, tenemos delante, no una puerta cerrada, sino una puerta abierta. No sabemos cómo es lo que nos espera. Pero como cristianos, aunque estemos en algunos casos muy marcados por el dolor, o por los interrogantes, creemos firmemente que nos espera la vida.

A un Obispo canadiense (W. Candler) le preguntaron, en sus últimos días, si tenía miedo a atravesar el río de la muerte. Contestó que no, porque es el mismo dueño el de esta orilla y el de la otra, Dios, y no tenía por qué temerle.

En el canto de los salmos, un capítulo importante de este cantoral, es en el que hay que dar una primacía a la esperanza y la confianza en Dios. Este es un campo ideal para que el repertorio crezca y sea cada vez más digno y asequible.

En la celebración de exequias hay dos momentos particularmente interesantes: la entrada y el último adiós, a esos dos capítulos dedica este cantoral un amplio elenco de cantos

- En el canto de entrada expresando la acogida al difunto, en su última visita a la Iglesia, con cantos como: "Acógele, Señor", "Os llevaré conmigo" o "Yo confío en Ti, Señor".

- En los cantos de comunión, se subraya la conexión entre la eucaristía y la vida eterna, con los cantos "Pan de vida" y "Dice el Señor"...

- El canto de despedida: este es el capítulo más amplio del cantoral.

Es el último adiós al difunto. Se trata de unir a la aproximación teológica, pascual, el sentimiento de afecto de la familia y la comunidad cristiana para con el difunto. Y aquí hay una abundancia de cantos, con la incorporación de algunos nuevos: "Nuestra vida y resurrección", "Adiós hermano"...

Al ser esta celebración un momento privilegiado, donde las personas se encuentran bien dispuestas, hay que aprovechar para ejercer un influjo evangelizador desde los cantos de la celebración.

Los compositores hemos hecho una buena tarea en la ampliación de cantos para la celebración de exequias. Los encargados del canto en las distintas parroquias han de hacer también un esfuerzo para que ese trabajo llegue a la comunidad que celebra.

Y entre unos y otros hemos de seguir en la tarea de llenar de esperanza pascual un momento tan doloroso como es la despedida de un familiar o de un amigo.

Fuente: religiondigital.com